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Helena o El mar del verano. Julián Ayesta

 

Cuando apareció en 1952, Helena o El mar del verano fue considerada por un pequeño grupo de entusiastas lectores una de las obras más extraordinarias de la narrativa española de posguerra. A través de los años permanece intacto el poder de sugestión y el lirismo de la escritura de Ayesta.

 La narración nos presenta el reconocimiento del mundo por parte de un niño que contempla con mirada ensimismada e ingenua la sociedad de los adultos de su entorno familiar durante un veraneo en Gijón y el descubrimiento de su atracción por Helena, con un estilo colorista y näif, propio de un acuarelista.

Son tres partes; la primera con tres partes, la última con tres partes y la segunda con uno sólo. La primera es infantil en prosa, habla un niño en habla niña; lleno de “y” y de olores y camisas de popelín. Todo tierno y errabundo por el arco primigenio de las emociones. La segunda es todo un monólogo interior o exterior sobre entender el mundo. La tercera parte pierde la voz pueril y abraza una sabihondez de niño repipi en colegio de curas: citas en latín, Aristóteles, amores sanguíneos... 

Es todo delicado y burgués. Se retrata un tránsito de la infancia a la vida adulta. 

Quizá el mundo sea un caos, un vacío de dicha que sólo adquiere sentido en esos días veraniegos, con sol, que en las costas del Norte son un trasunto del Paraíso.

 

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Más información: Revista de literatura,  Texto del libro, El Cultural

Folleto de Ruta Literaria.