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Alfonso Camín (1890-1982)

Nació en La Peñuca, el 2 de agosto de 1890. Su "niñez por duros caminos" nos la cuenta en la memorística Entre manzanos, donde retrata la vida y costumbres del Roces de comienzos del siglo XX. A los 15 años emigra a Cuba y publica sus primeros versos. Enseguida se hace redactor del periódico La Noche, así como de otros diarios habaneros y de Santiago de Cuba. Dirige la revista Apolo, exclusivamente dedicada a la poesía. Ya redactor del Diario de la Marina, publica su primer libro, Adelfas (1913). Durante la Primera Guerra Mundial es enviado como corresponsal a España.

Considerado como uno de los precursores de la poesíEl valle negro, de Alfonso Camína afroantillana, publicó sus primeros versos negros en el citado Diario de la Marina (1925). Fundador y director de diversas publicaciones, es notable su labor al frente de la revista Norte, editada inicialmente en España y con posterioridad en México, durante treinta y dos años. En el Madrid de los años treinta se casó con Rosario Armesto, obligándole la guerra civil a marchar de nuevo al exilio (Cuba y México), cuando ya había publicado más de treinta obras. No retornaría hasta el 25 de septiembre de 1967, a la edad de 77 años. Algunos de sus textos fueron musicalizados, como la zarzuela La pícara molinera, del maestro Luna, inspirada en La Carmona de Camín; Chavela Vargas hizo inmortal con su voz y su música la picante "Macorina". El Poeta de Asturias murió, tras recibir el reconocimiento y admiración de sus paisanos, el 12 de diciembre de 1982. Sus restos reposan en el cementerio de San Félix, en Porceyo (Gijón).

Biografía de Alfonso Camín, por Rosa de Natahoyo La pícara molinera, de Alfonso Camín Antología asturiana, de Alfonso Camín Entre manzanos, de Alfonso Camín

En la Biblioteca podrás encontrar un espacio dedicado al escritor gijonés, con una exposición permanente de su obra y otras publicaciones que constituyen la Colección Alfonso Camín.

La partida

Era yo un niño de alma blanca

cuando di al viento mi primer cantar,

y con el alba y el zurrón al hombro,

baje del monte familiar

hacia la costa donde me esperaban

la emoción del abismo y el abrazo del mar.

Atrás quedaba el monte abuelo,

la casa blanca como un vetusto palomar,

la higuera madre y el parral caduco,

el olor a resinas del pinar,

la barbechera y el oropel de alondras

y la copa opulenta del pomar,

y la sombra del castañedo

y el corpulento robledal...